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Surfing Pikachu

Foto #2
Surfing Pikachu


Tomé esta foto el 27 de abril del año 2018. Había ido de visita a Cancún, por la boda de Brenda y Jimmy. Una de mis más recientes compras impulsivas (un 2DS con la cara de Pikachu, como es fácil de notar en la fotografía) estaba realizando su primer viaje fuera de casa y fue un acompañante paciente y amoroso en el camión que tuve que tomar de Cancún a el lugar donde la boda tomó lugar.

La boda fue al día siguiente, el 28 de abril. Poco me imaginaba que un par de días después, mi iPhone 7 de 256gb sufriría una muerte repentina, dejándome semi incomunicada y con una catarsis existencial que me hizo cuestionar la manera en la que llevaba mi vida: Depender tanto de un aparato electrónico me parecía extrañamente patético.
Pero ese no es el punto de esta fotografía.

Me gustaría describir y compartir cosas que pasaron el día que tomé esta fotografía. Perdí todas las fotos y videos que había tomado ese día, excepto por esta foto del 2DS en la playa. Me gustó mucho la foto, así que había compartido la foto con algunas personas. Cuando mi celular murió, pedí que me mandaran todo lo que les había mandado en algún punto, y fue así que esta fotografía regresó a mi.

Pero la foto de mi tía Paty y yo paseando en la playa se perdió para siempre. (Junto con los 50 videos y más de 100 fotos que tomé en la boda de Brenda y Jimmy, pero eso es algo que ya he ido superando con el tiempo. Kind of)
Hoy, reconstruiré ese día en la playa con mis palabras. Seguramente serán torpes y ya estoy empezando a olvidar los detalles valiosos que harían de esta narrativa algo bonito. Pero haré mi mejor esfuerzo. Aquí va:

Llevaba en Cancún un par de días, durmiendo en el cuarto de huéspedes y pasando mis tardes viendo Netflix o preparando la comida en compañía de mi tía. Viniendo de la rutina del doctorado, tomarme un par de días para dormir profundo probó ser algo que necesitaba y que aproveché de sobremanera. Pero para el tercer día, la playa me llamaba. Le pregunté a mi tía si sería posible ir a la playa, aunque fuera sólo por un rato, y accedió a llevarme.

Me puse el traje de baño. un vestido de playa encima, empaqué la toalla colorida que mi tía me había prestado para esos días, me puse el iWatch de mi padre en la muñeca (en ese entonces estaba probandolo, para ver si se lo compraba, ya que él no le había encontrado mucha utilidad) y con pila externa en mano, y todo tipo de cargador, puse mi celular con el botón de la cámara con acceso rápido y esperé emocionada a que fuera hora de salir.

Recuerdo haberme tomado selfies frente al espejo mientras esperaba a mi tía. Saliendo de la casa, había muchos mosquitos en el aire. Solté mi cabello y maté unos 3 mosquitos que se habían posado en mi brazo. Cuando entré al carro en el asiento de copiloto, confirmé que no habían entrado mosquitos al carro conmigo y puse música relajada en la radio. Manejamos a la playa. donde nos tomó cerca de media hora encontrar un espacio con estacionamiento disponible. Nos bajamos un poco lejos de la playa, pero caminamos rápidamente a la zona con la arena suave y el océano azul. Había poca gente en la playa (no era temporada de vacaciones y era la mitad de la semana) lo cual me alegró. Pude tomar muchas fotos y videos del mar. Caminé por la playa, mojando mis pies descalzos y sosteniendo mis chanclas.

En más de una ocasión encontré un escenario bonito o un lugar de la playa que me parecía era suficientemente agradable para deternos y hacer nuestro tendidito, pero mi tía insistió en que siguieramos avanzando. Ella ha vivido en Cancún por muchos años, así que no cuestioné su consejo y seguí su paso, aunque ligeramente decepcionada. Lo único que quería era tumbarme en la playa y escuchar el mar. Quería dormir. Quería disfrutar la brisa. No seguir caminando, mi bolsa de playa pesándome en el hombro derecho. Pero me recordé que era importante ser paciente y cambié el bolso de hombro. Seguimos caminando unos diez minutos, hasta que llegamos cerca de un muelle. La arena era más suave y se veían barcos pasar a lo lejos. Era un escenario precioso y mi tía volteó a verme con una sonrisa de oreja a oreja cuando notó mi expresión de grata sorpresa.

-Aquí es donde nos detendremos.

Sólo asentí y empecé a soltar las cosas sobre la arena, buscando desenrollar mi toalla colorida rápido. Fue una tarde agradable. Entramos al mar y reímos un poco. Mi tía me empezó a platicar de un libro que había leído hace poco relacionado al Holocausto. Pretendí que mis ojos estaban llorosos por la sal del mar mientras escuchaba en silencio algunas historias y narrativas que me dejaron con el pecho pesado. Sigo sin entender cómo salió ese tema de conversación en plena salida a la playa, pero mi tía me dio el nombre del libro y me recomendó leerlo. He olvidado el nombre del libro, pero no olvido la sensación que las breves historias que me compartió mi tía despertó en mi. Cambiamos de tema. Le platiqué un poco del doctorado, de mi amiga que se iba a casar. Le conté de las otras dos bodas a las que había atendido unas semanas antes.

-Pareciera que tus amigas se pusieron de acuerdo para casarse una tras otra.
-¿Verdad? Digo, por mí está bien. Me gusta tener la excusa para estarme paseando por aquí y por allá. Pero mi pobre cartera no lo está tomano tan bien. Menos mal que conseguí mis boletos de avión con súper descuento.

Salímos del mar y tuve una sesión chistosa de fotografías con mi tía, en donde me pedía que caminara sobre el muelle mientras ella tomaba fotos de cómo el viento revoloteaba mis chinos y el pareo que llevaba conmigo. Me dio recomendaciones de postura y me hizo recorrer el muelle unas quince veces. Me reí mucho.

Después, nos sentamos en la playa y disfruté la luz del sol.... por como 3 minutos. Empezó a llover. Sé que puede sonar un poco absurdo el hecho de que buscaramos refugio de la lluvia cuando ya estabamos semi empapadas de habernos remojado en el mar un buen rato, pero nuestras bolsas no eran resistentes al agua y yo traía conmigo mi 2DS y el iWatch de mi padre. (Cabe mencionar, para entrar al mar me había quitado el iWatch, ya que era un iWatch de primera generación. No quería correr el más mínimo riesgo de que algo desafortunado pudiera pasarle al aparato, especialmente considerando que no era mío).

Nos resguardamos de la lluvia en una pequeña palaba donde estaban rentando cosas para ir a bucear. Recuerdo que el señor de la tienda me empezó a sacar plática en lo que la lluvia caía. Me preguntó si me gustaría tomar clases de  buceo y decliné amablemente. Me gusta chapotear en el mar, pero eso de ir a las profundidades de él no me agrada para nada, sin importar lo bonito y colorido que pueda ser allá abajo. Prefiero ver videos y fotografías tomadas por profesionales que correr el riesgo de que algo falle con mi tanque de oxígeno. Uno de mis mayores miedos es morir por falta de aire. Ha sido uno de mis miedos más grandes desde que era pequeña. Una pequeña parte de mi sospecha que esa es la razón principal por la que me da miedo la idea de ir al espacio.

Así como llegó la lluvia, se fue. Disfrutamos de la playa una media hora más. Mi tía notó la hora y me dijo que era momento de regresar, ya que ella tenía que bañarse y alistarse para ir a dar clase a la universidad en la que es profesora. A paso rápido, recogió todo y empezó a caminar en ruta al estacionamiento donde habíamos dejado el carro. Sabiendo que la caminata de regreso era larga, suspiré y recogí mis cosas. Mi tía pronto se volvió un punto lejano que seguía. Fue en esa caminata que se me acercó un chico de Estados Unidos y me invitó ir por unos tragos cerca de su hotel. Fue curioso. Cuando iba acompañada de mi tía, nadie se me había acercado. Pero cuando estaba yo sola caminando por la playa, sí se me acercaron para preguntarme de dónde era y a dónde iba. Rechacé a mi nuevo amigo, diciéndole que debía marcharme porque mi tía me estaba esperando en el carro. En algún punto, mi celular se resbaló de mis manos cuando traté de esquivar al chico, lo cual me molestó mucho, ya que me había esforzado mucho por evitar que tocara la arena. Como bien recordaba de foros de Internet, hay pocas cosas más peligrosas para la pantalla de cristal de un iPhone que un grano de arena listo para hacer un rayón.

Al final resultó que mi celular no se rayó (como buena paranoica, claro que le había puesto una mica de cristal templado) pero empezó a fallarme unos 20 minutos después, apagándose de repente cuando aún tenía más de 50% de batería. En algún punto llegué a pensar que la caída en la arena de esa vez fue lo que condenó la muerte de mi viejo iPhone, aunque Apple le aseguró a mi padre en Julio (es decir, unos 4 meses después) que su muerte había sido por la tarjeta madre, algo de fábrica que no pude haber evitado por nada del mundo. Pero esa es otra historia. El punto es que iba apurada caminando tratándo de alcanzar el paso de mi tía, que ya iba encaminada al carro para emprender la ruta de regreso. En el camino tuve que esquivar algunos chicos que intentaban sacarme platica o lanzar sus balones de volley en mi dirección, buscando mi participación en su juego.

Finalmente, alcancé a mi tía en la zona de la playa en la que era necesario enjuagarme los pies y sacudirme la arena antes de subirme al carro. Busqué un trapo en mi bolsa para ayudar a sacudirme la arena de la planta de los pies cuando vi mi 2DS en el bolsillo pequeño de mi bolsa de playa, mirandome con la tierna mirada de Pikachu.

-Monse, ¿a dónde vas?
-Perdón, perdón. No me tardo. Necesito tomar una última foto.

Regresé a la arena, llenando mis pies de arena de nuevo. Caminé a la orilla, extendí mi brazo... y tomé la fotografía que ahora he descrito.
Fue la última foto que tomé en la playa de Cancún ese día. Me gustó mucho cómo quedó, especialmente porque en el fondo se pueden ver las nubes grises llenas de lluvia que se habían alejado un poco para esa hora.

Perdí las otras fotos, pero esta regresó a mi y eventualmente la subí a mi Instagram. Es de las fotos que más me han gustado que he tomado en la playa. Y ahora, ya saben todo lo que pasó antes de que esta foto tomara lugar.

Creo que me he extendido lo suficente como para cubrir la cantidad de palabras que debo de escribir para el día de hoy, así que con su permiso, procederé a servirme una nueva taza de café (acabo de darle un sorbo al poco café que me quedaba y estaba frio. Eww) y me comeré el último pedacito de waffle que había dejado de lado para darme un auto premio cuando terminara esta entrada.

No sé qué clase de noche me espera, pero espero poder dormir, aunque sea un poco. Necesito estar recuperada pronto. Hay mucho por hacer.

Si todo sale bien y mi salud me lo permite, les escribo mañana.

Feliz viernes c:
Y feliz día de muertos.


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makeiri
27 años. Soñadora. Creativa. Parlanchina.
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