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Sobre el Tiempo y la Eternidad

1 de noviembre de 2016
12:05 am

Primero que nada, me siento en la necesidad de explicar la manera en la que estaré manejando NaNoWriMo este año. Sé que no es particularmente importante, pero cuando relea esto en unos 5 o 10 años quiero recordar mi estado mental/emocional de cuando empecé este proyecto.

Además, explicar mi estado actual me ayuda a hacer más palabras para mi entrada de hoy, y necesito todas las palabras que pueda. Es así como se maneja esto. Escribir, escribir, escribir. Poco importa si no tiene sentido, poco importa si hay errores de redacción, poco importa si (ocasionalmente) cometo algún error ortográfico. Lo que importa es sacar todas las cosas que están dando vueltas en mi cabeza, sean historias, cartas, poemas, miedos, sueños, metas, proyectos o magia.

Este año, NaNoWriMo será una mezcla de elementos sin sentido. Mi propósito es sencillo: Poder expresar todo eso que he estado censurando, compartir historias cortas que se me han ocurrido y que no me he dado el tiempo de aterrizar en mi teclado por el simple hecho de que he estado muy ocupada sanando un corazoncito roto y un autoestima en plena fase de reconstrucción.

No es secreto que he estado lidiando con fantasmas del pasado, que me siento a veces perdida en este camino que apenas va empezando. No es secreto que hay noches en las que no puedo dormir, así como hay mañanas que pasan desapercibidas mientras observo mi techo fijamente y me pregunto cuándo dejará de doler existir. (Suena dramático? Uy, no tienen idea. Pensamientos así sí pasan por mi cabeza ocasionalmente, aunque casi siempre al final me termino burlando de mi misma.)

Noviembre es el mes en el que más productiva soy, creativamente hablando. Obligarme a cumplir con una cuota de palabras, organizar mi tiempo para siempre dejar un espacio en el que pueda escribir, sentir el apoyo de todas las personas que expresan en Twitter lo mucho que están sufriendo con cumplir la cuota de palabras diarias... todos estos elementos me obligan a estrujar mi cerebro y sacar una historia de lo que puede ser una memoria borrosa o una fantasía que nunca había observado con detenimiento.

El deber de escribir, incluso si sólo lo hago para mi, me obliga a enfrentar mis pensamientos más íntimos, las emociones reprimidas, las dudas que no me atrevo decir en voz alta. Y eso es bueno. Terrorífico, sí. Pero bueno, al final del día. Porque al menos estoy siendo sincera, estoy transmitiendo algo, aunque sea al vacío.

Y ¿la verdad...? Tengo miedo. Casi todos los años inicio NaNo sintiendome motivada y alegre. Pero este año no es así. Genuinamente tengo miedo de fallar esta vez, por primera vez en 5 años.

Considerando que estoy en las últimas semanas de mi primer semestre del Doctorado, me he propuesto subir al menos un video a mi canal de Youtube cada semana, estoy tratando de volver a sentirme entera después de que emocionalmente me hicieron pedazos me hice pedazos y demás, la probabilidad de fallar es exageradamente alta. Agreguemos el factor de que tengo mi dedo pulgar e indice de la mano derecha quemados y adoloridos y pues... digamos que typear se ha vuelto un proceso relativamente doloroso. Pero eso no me va a detener. Nunca nada me va a detener cuando se trata de escribir. Porque es algo que siempre me ha sanado, respirado vida y motivado, incluso en los momentos más oscuros.

Me debatí por mucho tiempo si estaría publicando lo que escribo para NaNo este año en mi Livejournal o no. Digo, podría ponerme a escribir esto en un documento word, escondido y resguardado en mi Dropbox, sin necesidad de que terceros se tropiecen con mis palabras y juzguen mi existencia.

Además, a veces me entra un poco de ansiedad que personas en específico se encuentren con mis palabras y se sientan atacadas o expuestas por lo que pueda escribir que haga referencia a ellas. Pero... al final del día, no usaré nombres específicos. Y yo no puedo controlar lo que los demás van a pensar o sentir sobre lo que escribo, les incluya o no.

No es que quiera hacerle daño a nadie por escribir sobre ellos, pero sí quiero escribir lo que pienso y siento. En mi vida hay muchas personas que han dejado impacto o que me han transformado de alguna forma. Mencionarlos, incluso si es de pasada, es algo natural. Igual, procuraré ser cuidadosa con mis palabras y procurar escribir sobre mí principalmente, no sobre otros.

Ya es la una y media de la mañana, así que dejaré esto por aquí hoy. Mañana (es decir, en unas horas) seguiré escribiendo, procurando alcanzar la meta de 1667 palabras.
1:10 pm
~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~

He tenido una tarde horrible. Estoy al borde del llanto. No sé bien cómo sentirme. Sólo sé que tengo que evitar seguir llorando, porque mi maquillaje corrido ya me da un aspecto de desvelada miserable. No quiero preocupar a las personas que me rodean, no quiero ahogarme más en pensamientos hirientes. Escribiré una historia. Aunque sea cortita y sin sentido.
Mi personaje se llamará Marga y habrá un reloj mágico. Also, su abuelo era un sabio loco que veía más allá de esta realidad. No sé. Veamos que sale.

~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~

El Tiempo Eterno

Mi abuelo decía que el tiempo no existe.

* * *
-No te engañes Magda. No le creas al reloj. Un minuto puede ser eterno y un segundo puede sentirse como diez. El tiempo no existe, a menos a que hagas referencia a la eternidad. Lo eterno es. Lo que pasa, no existe.
-Abuelo, mi nombre es Marga
-Eso dije
- ....
-El tiempo no existe Magda. Sólo creele al reloj sin manecillas. Y no me refiero a esos electrónicos nuevos que no tienen elegancia. Me refiero a aquel que no cae en la ilusión de que el tiempo pasa. Ya sabrás a qué me refiero cuando lo veas.
* * *

Nunca entendí a lo que se refería.  Mi madre me aseguró que mi abuelo siempre había dicho eso, incluso cuando no tenía canas ni necesitaba un bastón. Ni ella ni mi abuela entendían a qué se refería, así que lo dejamos pasar como una excentricidad sin sentido ni razón de ser.

Mi abuelo murió hace ocho años. No negaré que extraño los diálogos extraños que intercambiabamos. Tengo muchos arrepentimientos que nunca mencionaré en voz alta.

Principalmente, porque en lo más profundo de mi ser, sé que son pensamientos egoístas. Por ejemplo, la primera hora después de que me llegó la noticia de su partida, mi pensamiento principal fue uno estúpido y personal: Nunca me pasó la receta para su té de menta que tanto me encantaba.

Siempre cargué con la culpa de no hacer más tiempo para pasar con él. ¿Cuántas historias más podría haberme narrado? ¿Qué otras confesiones del "tiempo" y el "espacio" que el consideraba como la verdad me habría compartido? Preguntas así, siempre presentes cuando me acordaba de él. Pequeñas culpas que no podía decir en voz alta por miedo de reflejar mis actos egoístas que me llevaron a alejarme de él.

* * *

-No le creas al tiempo, Madga.
-Abuelo, mi nombre es Marga. Ya te lo he dicho.
-Magda, nunca creas que lo que ha sucedido ya pasó. Sigue siendo. Y lo que será, ya fue.
-Abuelo, ¿ya casi está el té?

* * *

Es cierto. Yo cambiaba el tema de conversación siempre que sacaba el tema de tiempo-espacio. No sé porqué, pero me incomodaba que me dijera cosas como que el tiempo no existe. Claro que existe. El tiempo pasa a cada instante, se puede medir en segundos, minutos, horas y demás. Pretender que el tiempo no pasa es una forma segura de enloquecer. Y en parte, eso pensaba. Que mi abuelo estaba ligeramente loco, si no es que perdido en la vida.

Pero fuera de esos temas, siempre fue coherente, brillante y cálido conmigo.
Desviaba sus ojos cansados a la tetera y sonreía siempre que el té quedaba justo en el punto que tanto me gustaba.

Me leía cuentos de magia y héroes. Me decía que mi abuela era la mujer más bella en alma que había conocido en su vida. Aplaudía en mis recitales de piano y cada Navidad, me regalaba un sobre con un poco de dinero y cupones que había recortado del periódico.

Fue un buen abuelo. Fue.
Porque dejó de ser y el tiempo se encargó de eso.
Incluso cuando él no creía en ello.

Lamento admitir que no me acuerdo de él todos los días. La vida es así. Uno tiene que seguir, encontrar nuevas actividades y pensamientos que tomen tiempo y espacio en nuestra rutina. La culpa que he cargado por estos ocho años es algo con lo que he aprendido a vivir.

Después de que él falleció, me propuse pasar más tiempo con mi abuela. Fue una decisión sabia. Aprendí mucho de ella. Me contó historias de su infancia que son dignas para escribir toda una novela. Quizá algún día, cuando esté un poco más arrugada y aburrida, me sienta a escribir sobre memorias que ni siquiera son mías.

Pero mientras, estoy intentando sonreír cordialmente y aceptar el pésame de todas las personas que vinieron al funeral de mi abuela. Murió hace dos días, mientras dormía. Mamá no ha parado de llorar y francamente, me siento responsable, como la nieta mayor, de ser la que acepta las palabras típicas que uno le dice a la familia del difunto en lugar de ella.

Ha sido una jornada larga, pero eventualmente todo termina y vamos a casa. Me duelen los pies de estar parada. No me he permitido llorar, no aún.

Llega la noche y con ella la culpa. ¿Pude haber hecho algo más? ¿Acaso la acompañé el tiempo suficiente, a comparación de mi abuelo?

No puedo entender porqué, aunque me he esforzado tanto por hacer tiempo para pasar tiempo con ella, aún se siente como no es suficiente.

-No. No es justo.

Estoy hablando sola, a regañadientes. Siento las lágrimas empezar a formarse en mis ojos y me muerdo el labio.

-No fue suficiente. Nunca nada es suficiente. Nunca hay suficiente... tiempo.

CLIC

Detrás de mi, escucho un sonido que me hace saltar. No esperaba eso. ¿Qué es?

-¿Mamá?

No hay respuesta. Siento un escalofrío pasar por mi espalda y trato de calmarme.
No. Estoy triste. Exhausta. Seguro fue mi imaginación.

Estoy tratando de convencerme de que lo más prudente sería ir a dormir cuando noto algo brillar en la mesita que está al lado de mi cama. Parece ser una especie de collar, de esos que tienen fotografías adentro.

No es mío. Y sé que no es de mamá.
Seguro fue de mi abuela. Recuerdo vagamente haberla visto usarlo cuando yo era más pequeña.

Tomo el collar con delicadeza y observo el grabado que se encuentra en la parte de atrás.

"Tanto el tiempo como la eternidad se encuentran en tu mente. Hasta que percibas el tiempo exclusivamente como un medio para recuperar la eternidad, viajarás en él."

Sonreí. Seguro mi abuelo le regaló esto a la abuela. Nunca he visto el contenido de este collar y siento que tengo derecho a saber sus contenidos.

Con cuidado, lo abro lentamente y se me escapa un suspiro de sorpresa.

No hay fotografías dentro del collar. Pero sí hay un reloj.
Un reloj sin manecillas.

Una sensación extraña me embarga. Las lágrimas que se habían acumulado empiezan a fluir por mis mejillas, nublando mi visión de este extraño artefacto que representa a mis abuelos de una forma tan tangible y al mismo tiempo... tan efímera.

Los extraño. Me gustaría poder regresar. Verlas y abrazarlos una vez más. Poder agradecerles por todos los regalos, por todas las pláticas, por todas las muestras de amor.

Me pongo el collar y pienso en una mañana en particular que disfruté mucho en compañía de ellos. Cierro los ojos y sonrío al recordar el escenario. El aroma a té a punto de ebullir. La voz de mi abuela tarareando mientras ordena cosas en la cocina. La voz de mi abuelo, llamándome (por enésima vez) de forma equivocada y...

-Magda

Abro mis ojos de golpe.

No estoy en mi cuarto.

Estoy en la casa de mis abuelos, parada en la sala de estar.
Mi abuelo me observa fijamente y sólo asiente en silencio, sonriendo ligeramente.

-Magda, el té ya casi está listo. Ven. Vamos a hablar. Pronto tendrás que regresar a tu "Presente" y no debemos desperdiciar ni un minuto.

Estoy atónita. En shock.

-Vamos, vamos. No hay tiempo, pequeña. Recuerda, el tiempo no existe. Pero tu mente aún no está entrenada. Tomará años para que puedas controlar a donde vas. Oh, guarda ese collar. Que no lo vea tu abuela. Ella nunca aprendió a usarlo, pero veo que tu sí tienes el potencial. Tranquila, tranquila. Ven, toma una taza de té. Hay mucho de qué hablar.

No quiero dar un paso. No quiero despertar de esta realidad. Mi mente trata de comprender la situación a la que me enfrento y las primeras palabras que se escapan de mis labios me sorprenden, quizá sean sólo producto de la costumbre.

-Abuelo, mi nombre es Marga.

Ríe.

-Lo sé, Marga. Pero siempre me gustó jugar el papel de loco en la casa. Anda, ven. Tengo mucho que enseñarte ya.

La puerta de la cocina se abre y el aroma a té de menta me embarga.

Y es en este momento en el que me doy cuenta de que hay mucho que no logro entender, pero que sí habrá muchas cosas nuevas que voy a experimentar.

FIN


˜ ˜ ˜ ˜

Bueno. Uhm. Eso fue. Esto será todo para el primer día, Noviembre 1. Escribiré un poco más al rato para compensar las palabras que faltan para Noviembre 2.

Wordcount: 2,317

M

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makeiri
27 años. Soñadora. Creativa. Parlanchina.
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