November 11th, 2020

Un Mensaje de Amor para Google en el Día de su Partida



Amada Google,

Desde que llegaste a mi vida empezaste a darme lecciones eternas.
Primero... el tema de las expectativas.

Yo tenía 17 años. Estaba a punto de cumplir 18 años y empezar lo que, en ese entonces pensaba, sería mi vida de adulta jóven.
Yo quería un gatito negro con ojos verdes que fuera macho, para que me hiciera compañía y me viera como la luz de sus ojos.
Pero ese día de mi cumpleaños 18 llegaste tú. Una gatita pequeña y hermosa de 3 meses con ojos azules y pelaje blanco. (Aunque al momento de tu llegada, pensábamos que eras varón jeje).

Aprendí en ese instante a aceptar que la vida te presenta con lo que realmente es mejor para ti, aunque no sea lo que estabas esperando.

¡Eras tan pequeñita cuando llegaste conmigo!  Aquí la primera foto que nos tomamos juntas en esta vida:



Hoy, por última vez, te cargué en mis brazos, igual como en esta fotografía. ¡Me dio tanto gusto ver todo lo que habías crecido! Realmente tuviste una vida hermosa, ¿verdad mi bebé? Sé que hicimos todo lo que estaba en nuestras manos para hacerte sentir cómoda y amada. Porque te amamos Googs. Te amamos mucho.

Ay Google... ¡tocaste tantas vidas! Te he leído en voz alta desde la mañana todos los mensajes que me han llegado de ti. Creo que las personas cercanas a mi saben lo que significas, pues cada que hablaba de ti me desbordaba de amor. E incluso ahora que escribo esto lloro pero agradezco y digo: ¡Gracias vida! ¡Gracias por dejarme compartir 11 años de esta existencia con una compañera tan carísmatica, inteligente, amorosa y dulce como Google! Honro y celebro tu vida, aunque el llanto no me deje dormir; porque sé que con el tiempo aceptaré que no estarás aquí de forma física, pero que desde otro plano... sentirás todo el amor que te mando cada vez que cruces por mi mente.

Google, estuviste ahí en todas mis rupturas amorosas.
Me viste crecer, llorar y equivocarme miles de veces.
Más de una vez fui a dormir en llanto... y llegabas a acostarte en mi pecho para darme terapia gatuna con ronroneos amorosos.
Y aunque no se me borraba la tristeza mágicamente... me sentía amada por alguien... y en los momentos más oscuros, eso era lo único que necesitaba.
Y tu estabas ahí para darlo. Te agradezco tu amor.

¡Honro tu vida, Google! Y te agradezco por haberte quedado un mes más en este mundo, para que pudieramos pasar tiempo juntas. Yo había estado fuera de México los últimos seis meses. Si hubieras partido sin poder ser yo la que te sostuviera en esos últimos momentos, hubiera vivido siempre arrepentida. Y creo que lo sabías... ¿verdad?

Me esperaste. Y estuviste conmigo. Cada día, a cada instante. Este último mes fue el último regalo y te agradezco con toda el alma que decidieras quedarte un ratito más. No te voy a mentir, te extraño. Pero te siento. Y sé que estás bien. Y que sabes lo mucho que te amamos y te extrañamos.

De aquí en adelante, cada 11/11 procuraré escribirte una carta para actualizarte un poco de cómo va la vida (aunque sé que siempre me acompañas, digamos que es más como una manera en la que busco honrarte por el rol que jugaste en mi vida). Siempre elegante, tenías que ser. Partiste a los 11 años el 11/11 del año más difícil de mi vida.

Pero esa también es una lección. Acepto que la muerte es parte de la vida.
Y sé que tendré que vivir y aceptar el duelo; pero me da confianza que no tendré que atravesar por esto sola.

Te seguiré escribiendo. Hoy mis ojos ya no pueden más, y sé que lo entenderás. Pero esta es la primera de muchas cartas que te estaré mandando a donde estás.

Te amo con todo lo que soy,

Monse