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June 22nd, 2018

Regresar al origen

Hoy llegué un poco tarde a una junta importante. Las puertas del tren se cerraron en mi cara y tuve que esperar al siguiente, lo cual me dio 10 minutos de retraso. Desde que llegue a Japón, he procurado ser muy cuidadosa con los tiempos y no fallar con las citas que se me han ido asignando.

Pero ¿hoy?
Hoy fallé.

Es parte de la vida, es parte de ser humano. A veces las cosas no salen como nos hubiera gustado, y eso es algo que he tenido que enfrentar frecuentamente los últimos días. Constantemente me estoy reprimiendo y molestando conmigo por no entregar las cosas de la manera perfecta y puntual que me había propuesto. Releo cosas que había anotado y me ofendo de mi escritura torpe o mi vinculación de ideas débil. Observo mis reportes, los avances hechos en mis investigaciones y me reclamo constantemente de que no estoy haciendo suficiente. No he entregado lo suficiente. No soy lo suficiente.

Esta clase de pensamiento es veneno. Me desmotiva, me entorpece, me limita. Pero sentir que nada de lo que hago tiene punto de ser y que aquello que me gustaría aportar es inútil no sirve de nada. ¿La verdad? Tengo miedo a no ser suficientemente buena. Tengo miedo de perder oportunidades o vínculos por ser desorganizada o torpe.

En simples palabras: tengo miedo. Y en un intento desesperado por lidiar con ese miedo y darme la falsa ilusión de que tengo algún tipo de control sobre mis inseguridades, me pongo metas sencillas que sigo al pie de la letra: contesta los correos, escribe aunque sea un párrafo de la tesis diario, busca tres fuentes nuevas al día, NO LLEGUES TARDE A TUS JUNTAS, lava los platos, toma foto a tus recibos, administra tus finanzas, escribe en tu diario de campo y no olvides recordar el origen de porqué haces lo que haces.

Pero cuando fallo en una, mis inseguridades reaparecen y con ellas, todos los miedos y limitaciones que me temía ya estaban en mi. Mientras esperaba mi tren con una sensación de vacío en mi estómago (pues por salir a las prisas ni siquiera desayuné) me percaté que tenía ansiedad, decepción y estrés corriendo por mis venas y que esa extraña (y poco agradable) combinación me estaba haciendo daño.
Respiré hondo. Me repetí para mis adentros que no era el fin del mundo.

"Bien, así que llegaré un poco tarde a mi primera junta del día. Pediré disculpas. Quizás una breve explicación de que se me fue el tren. Haber fallado una vez no significaba que soy un fracaso."

No soy un fracaso.
No soy un fracaso.
No soy un fracaso.

Curioso, ¿no creen? Ahí estaba yo, en mi tren tardío. Tratando de recordarme que mi presencia tenía valor, que llegar tarde a una junta no era una condena eterna sobre mi persona ni mis posibilidades a futuro. Ahora que escribo al respecto parecería que es un chiste, pero estoy siendo sumamente real y vulnerable mientras typeo estas palabras: así de frustrada y enojada me sentía.

Supongo que una parte de mi se convenció que no podía entregar ni ser nada menor a excelencia, y al sentir que había fallado en algo tan sencillo como llegar a tiempo a mi junta, se me nubló el mundo. Pasa. Pero definitivamente no fue una experiencia agradable.

Sin embargo, la junta de hoy no fue sólo inspiracional y motivadora, sino que también fue un hermoso reencuentro con mi estabilidad.
Elaboraré un poco al respecto: Cada par de semanas, los estudiantes de doctorado de la universidad de Keio se reúnen para compartir en una mesa redonda los avances de sus investigaciones, sus descubrimientos más importantes y se aprovecha la situación para recibir retroalimentación de sus compañeros (otros estudiantes de Doctorado) y de los dos senseis que nos supervisan.

Cuando llegué, me tocó aún escuchar a compañeros compartir avances muy interesantes sobre pruebas pilotos, notas etnográficas, papers que marcaron sus vidas como investigadores e invitaciones importantes a congresos o publicaciones a futuro. Me sentí inspirada por todo lo que compartieron. Aprendí mucho sobre la curiosidad de los niños, del proceso de aprendizaje, del diseño de juegos pensados para el aprendizaje, del diseño de prototipos. Pude compartir con ellos mis inquietudes y mis avances, y recibí valiosa información de centros que me interesa investigar más a fondo y de nuevas perspectivas que me ayudaron a recordar que parte del proceso es toparse con pared.

Pero creo que algo que me tocó a un nivel muy íntimo fue el recordatorio de que el cambio es aceptable. Cambiar la pregunta de investigación es válido. Aceptar que tu enfoque o desarrollo es débil es parte del proceso de mejorar tu análisis y tus escritos. Tu investigación es parte de ti. Es tu tiempo. Es tu proyecto. Habrá otras personas que quieran mostrarte el camino y que busquen apoyarte de forma externa, pero la única persona que debe de siempre mantener claro el objetivo en mente eres tú. Y para lograr eso, la pasión que sientes por tu proyecto es fundamental. ¿Dónde está tu pasión? ¿Qué es lo que te apasiona?

Recordar estas preguntas y contestarlas para mis adentros me dio un nuevo sentido de propósito. Recordé la razón de porqué me había inscrito a un doctorado en primer lugar y no pude evitar sentir que una pequeña parte de mi celebró para mis adentros. Era como si una parte de mi hubiera sido olvidada y de repente volvió a sentirse reconocida de nuevo. Fue un renacer, un reinicio, un replanteamiento del problema. Un cambio.

Regresar al origen de qué es lo que te motiva, lo que te apasiona, lo que te mueve... todo eso puede sonar muy sencillo, pero la realidad es que es una base que a veces olvidamos entre tanta teória y exigencia. Buscar resultados y encajar en un mundo académico puede a veces nublar la visión y el objetivo que te inspiró a iniciar este viaje en primer lugar. Algo que también me inspiró mucho fue que, justo cuando estábamos conversando de la dificultad de poder poner en movimiento acciones por miedo al fracaso, Okawa-sensei nos miró con una muy suave sonrisa y nos recordó algo muy importante: "But please don't forget to have fun! Let's have fun!"

Y entonces me percaté que entre tanto miedo e inseguridades, había olvidado disfrutar el proceso. Al estar comparando mis avances con los de otros, me había olvidado de celebrar mis propias transformaciones y cambios. Y sí, definitivamente aún hay MUCHO que me falta aprender, mucho que me falta aplicar. Tengo poca experiencia, pero tengo muchos recursos y mucha motivación por mejorar y aportar algo que ayude a otros a futuro. Tener la oportunidad de estar aquí y poder colaborar con tantas personas brillantes y creativas es prácticamente un sueño hecho realidad, y sin embargo estaba permitiendo que un tren tardío nublara mi visión y amargara mi existencia.

Recordar el origen, remotivarme a buscar información, comprometerme con mi objetivo, pedir ayuda cuando la necesito... todos estos elementos me han tocado y transformado en un período de una junta de tres horas y pues... quería escribir un poco al respecto antes de que todas estas ideas se escaparan de mis manos o desaparecieran de mi sistema por nuevas exigencias e inseguridades que llegarán a nublar mi existir en probablemente unas pocas horas.

Se vale perderse, desmotivarse o exigirse. Se vale fallar.
Pero mientras tenga claro el origen de porqué hago lo que hago, siempre encontraré la fuerza para volverme a levantar y reiniciar mi proceso.
Un paso a la vez.




M

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makeiri
27 años. Soñadora. Creativa. Parlanchina.
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