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Universo Dentro de Ti



Universo Dentro de Ti

José tenía tan solo 5 años cuando por primera vez se volvió consciente de los viajes secretos que realizaba mientras dormía.
Como un astronauta entrenado para cumplir con éxito cualquier misión, José siempre estaba listo para una nueva aventura, saboreando con placer la emoción de enfrentarse ante un nuevo reto. Todos los días salía a jugar junto al rio, compartiendo cuentos con el viento y danzando entre la hierba mientras aprendía sobre las labores del campo, mismos que desempañaba con bastante diligencia y entusiasmo.

La única desilusión era cuando se acababa el día, pues el juego llegaba a su fin y después de una deliciosa cena preparada por su madre se marchaba a acostar, arrullado por el habitual canto de los grillos.

Habiendo nacido en el seno de una pequeña familia, José había traído alegría y gozo a sus padres, que habían perdido a su primera hija debido a una extraña enfermedad que ningún doctor del pueblo pudo identificar, y mucho menos, curar.

A José se le hacía extraño que sus padres hablaran poco de su hermana, pero comprendía que el recuerdo les traía mucho dolor y que no eran capaces de pronunciar el nombre de esta sin que amargas lágrimas se reflejaran en sus ojos.

La única vez que su padre se había atrevido a hablar claramente sobre ella, José había preguntado con inocente tristeza la verdadera razón por la cual su hermana había muerto.

-Ya te lo he dicho, hijo. Ella tenía tan solo 3 años y enfermó gravemente. No hubo nada que pudiéramos hacer para recobrar su salud- respondió su padre, su cara reflejando la tristeza de un anciano que voltea hacía el pasado y que le teme a un futuro incierto.
-Pero yo no me refiero a la causa física de su muerte- fue la respuesta del pequeño, su ceño fruncido por la confusión. -¿Por qué tuvo que morir ella?-
Una pausa larga, y luego... un triste suspiro escapó de la boca de su padre.
- La vida es un constante estado de transformación, y la muerte también forma parte de ese proceso natural. –
Y el pequeño, a su corta edad, fue capaz de comprender estas palabras y grabarlas en su memoria para el resto de su vida.

A pesar de que el pasado de su familia era sombrío y triste, José se las arreglaba para vivir en un mundo de fantasía, luchando contra feroces bestias y pidiéndole a su hermana que bajara de las nubes a jugar un rato con él.

Una vez que sentía que ella se encontraba a su lado, su hermana jugaba el papel de la princesa que José debía salvar de gnomos amargados o tortugas voladoras. Cada noche, después de jugar y antes de regresar a casa, José volteaba al río y le agradecía a su hermana por jugar con él, pidiéndole que regresara a dormir al cielo, lugar donde su madre le había dicho que vivía ahora.

Como todos los niños, José no le temía a lo desconocido ni se sentía culpable por ensuciar su ropa mientras jugaba; así que cada noche que regresaba su madre lo mandaba a bañar y limpiar su ropa, tarea que el cumplía alegremente y con una mirada traviesa. Amaba a su hermana y amaba jugar, así que la tarea de limpiar no le parecía algo molesto si significaba que podría volver a salir al día siguiente.

El día en el que se cumplían 8 años de la muerte de su hermana marcaría un antes y un después en la vida del pequeño. Era ya de noche cuando sintió un ligero escalofrió que recurrió cuerpo. Era como si algo o alguien le hubiera llamado. Con curiosidad volteó hacia todos lados y entristeció al constatar que no había nada ni nadie cerca.

Al regresar a su casa, suspiró con nostalgia ante la idea de tener que esperar hasta al día siguiente para embarcarse en una nueva aventura. Poco sabía que la mayor aventura lo esperaba en casa. Aquella noche, por primera vez, sus sueños se convertirían en un transporte privilegiado hacia el universo que existía dentro de su ser.

Una vez bañado y cenado, se acorrucó bajo las gruesas mantas, listo para descansar plácidamente.
A los pocos minutos de quedarse dormido, José se dio cuenta de que se encontraba parado fuera de la cama, completamente consciente y despierto, mirando de frente a su propio cuerpo que descansaba tranquilamente.

Permaneció quieto un rato, simplemente observándose. ¿Cómo iba a estar despierto si en ese preciso momento se encontraba completamente dormido? ¿Cuál de los dos era el verdadero José?

Pronto su mente comenzó a imaginar diferentes explicaciones a la extraña situación. ¿Acaso había bebido por accidente algún brebaje mágico? ¿Sería tal vez que los gnomos intentaban asustarlo mandándole una pesadilla?

Siendo tan pequeño, José no se asustó ni temió estar muerto. Si un adulto se hubiera visto en la misma situación, probablemente correría como un loco por toda la habitación para luego lanzarse sobre su cuerpo físico, deseando despertar y llorando como una gallina cobarde el momento en el que abriera sus ojos.

Sin embargo, la mente de José aún no conocía los miedos que poco a poco las personas aprenden de sus abuelos, padres, amigos, maestros e incluso vecinos.

Cuando somos niños, hay muchas cosas que se aceptan sin necesidad de comprender su razón de ser y, por lo tanto, uno no se angustia por trivialidades bobas que a varios adultos les quitaría el sueño. Al no tener ninguna de estas preocupaciones, José no pensó en nada más que en juegos de fantasía y en lo divertida que era la situación. Todo le parecía natural y todo estaba bien. No había razón para preocuparse. Por fortuna, siendo un niño alegre, sano y juguetón, ni siquiera conocía lo que significaba esa enredosa y problemática palabra: preocupación.

Lo único que sabía era que en ese momento, él era el niño más feliz de la Tierra, ya que no le hacía falta nada. Es necesario resaltar que debido a su inocencia, José no tenía nada que le ayudara a medir si esta experiencia que se encontraba viviendo era buena o mala.

Tiempo después, el recuerdo de aquella noche quedaría grabado en lo más profundo de su ser, brindándole la oportunidad de revivir la experiencia si cerraba los ojos y se concentraba en su corazón, que era donde se encontraba guardada la memoria de una de las tantas aventuras que marcarían su vida.

Muchas veces antes había soñado que volaba libremente por los cielos, pero en esta ocasión todo era mucho más real, así que decidió aprovecharse de la situación.

Se acercó para verificar que su cuerpecito respiraba y se sintió alegre al ver una radiante sonrisa dibujada en su cara. Luego, sin voltear hacia atrás, caminó decidido hacia la puerta de su cuarto.

El primer obstáculo que enfrentó fue la gran puerta de madera que sellaba su habitación, ya que al tratar de girar la perilla para abrirla su mano literalmente se “hundió” en esta. Después de meditarlo por un buen rato y de armarse de valor, respiró profundo, contuvo el aliento, cerró los ojos y atravesó la puerta lentamente, lleno de emoción.

Pronto no había más obstáculos para el pequeño. Al salir de su casa, se dio cuenta que los arboles habían crecido de una manera impresionante, que las hojas habían adaptado el color del arco iris y que desprendían un olor dulce.
Pronto deseo subir a la rama más alta del árbol más grande, y fue con solo el hecho de pensarlo que se empezó a elevar lentamente en el aire. Volaba.

Fue en ese momento en el que se dio la oportunidad de practicar por primera vez, de manera consciente, la técnica de vuelo que había aprendido en sus tantos sueños. Moviendo manos y pies como si nadara en el río que conocía tan bien, se dio cuenta de que se desplazaba a la velocidad en la que pensaba. Si su deseo era ir lentamente, su cuerpo avanzaba con pereza. Si su deseo era ir rápidamente hasta la cima del árbol, en un abrir y cerrar de ojos se encontraba desde el suelo en la rama más alta.

La posibilidad de nuevos juegos era emocionante. No se preocupó por mantener silencio y rió a carcajadas mientras perseguía su propia sombra en el aire. Había aves extrañas, diferentes a las que conocía, que volaban en el cielo estrellado. Irradiaban elegancia y libertad. El pequeño voló con ellas, admirando su bello plumaje y sus ojos sabios.

El agua del río era transparente, limpia, y la melodía que nacía del murmullo era armoniosa y alegre. El ritmo del corazón del niño era suave, dulce; traduciendo esas emociones que solo experimentamos en los mejores de nuestros sueños.
Era un mundo diferente, aunque de cierta manera igual al que conocía.

-Pero esta experiencia es demasiado real como para ser simplemente un sueño más- fue la conclusión a la que llegó el pequeño, riéndose de sí mismo por hablarse solo.
-Pero si no estás solo, aquí estoy yo- dijo una voz profunda y sincera dirigiéndose al niño.

Curioso, el pequeño buscó al dueño de dicha voz y se percató de que era el antiguo rió el que le hablaba.

-Es curioso… no veo tus labios, ¿Cómo es que puedes hablar?- José dejó sus juegos y su vuelo para brindarle toda su atención a el antiguo río.
-No es el hecho de que yo hable lo que importa, sino que tú escuchas, pequeño. Te he visto jugar desde que aprendiste a caminar, admiro tu valentía y tu inocencia y es por ello que se ha tomado la decisión de decirte la verdad- la voz del río era profunda. Era claro que se trataba de un ser sabio.
-No entiendo. ¿Me lo explicas, por favor?- José había aprendido a ser educado. Sus padres eran muy exigentes y le pedían la “palabra mágica” cada vez que el pequeño pedía ayuda.
-Claro, pequeño, con gusto. Si lo que yo tengo de más es tiempo y paciencia. Escucha con atención, porque estas palabras que estoy a punto de compartir contigo son de suma importancia para tus futuras aventuras. De lo contrario, dudo que recuerdes estos viajes maravillosos que todo mundo tiene cuando se va a dormir-
-¿Todo mundo?- La emoción en la voz del pequeño era contagiosa
-Así es. Cada vez que una persona se va a dormir, viaja a ese universo que reside dentro de ella. Muchas veces las personas despiertan con ideas de algún sueño, pero estos sueños no son más que ideas creadas por la mente para explicar las sensaciones o corazonadas que llegan a tener al despertar-
-No comprendo. ¿Universo? Papá me dijo que el universo es grande. ¿Cómo es posible que yo tenga un universo dentro de mí? Incluso las vacas y los venados son más grandes que yo-
- No te dejes engañar por los sentidos. Aunque aun eres muy joven, a ti te será fácil comprender lo que te voy a decir. Sin embargo, a una persona mayor le sería difícil soltar las ideas con las que se ha visto obligado a crecer desde que es pequeño. Frecuentemente, una vez que alcanzan cierta madurez, se dan cuenta de que tienen muchas dudas ”¿Quiénes somos realmente? ¿Qué es lo que define nuestros límites y nuestras oportunidades?”. Pues bien, en este momento tú no sientes gran duda ni te interesan las respuestas a estas preguntas. Podría contestarte de una manera clara, pero no te daré información que no quieres. Lo que te puedo decir es que hay muchas personas que basan su bienestar simplemente en las cosas materiales. Pero esto no es muy sabio que digamos-
-¿Por qué no?- El niño se había sentado a la orilla del rio, escuchando atento cada palabra.
-Las cosas materiales suelen ser temporales. Vienen y se van, se reciclan, se tiran, se pierden. ¿Basarías tu felicidad en algo que puede ser tratado de esa manera?-
-Realmente se me hace un poco tonto-
-Exactamente, pequeño. Pero también es importante que no juzgues con dureza a los demás. Tienen todo el derecho de pensar y actuar de la manera en la que deseen. Si crees que todos son seres egoístas y malos, no podrás experimentar la bondad de nadie porque te estarías cerrando a ella; y los demás, a su vez, te mostrarán su peor lado.-

El pequeño asintió, sonriendo por haber comprendido el alegre gorgoteo del río que lo conocía tan bien y que le regalaba aquellas palabras de sabiduría.

-Te podría explicar de manera científica cómo es que tienes miles de millones de universos escondidos dentro de tu cuerpo. Luego, cuando estudies más y aprendas lo que es un átomo y sus características, te darás cuenta de que dentro de cada núcleo hay en equivalencia un espacio enorme, más grande que el de nuestra propia galaxia. Ese poder es energía pura que tienes a tu disposición. Pero bien, tú que eres joven, lo único que debes de saber es que tienes un potencial infinito para crear y para vivir experiencias maravillosas. Cada vez que vas a dormir, estas consciente de este poder y eres capaz de visitar estrellas, de volar y, como ahora, de aprender.-
-Entonces, cada vez que voy a dormir… Aprendo, estudio, juego… - el pequeño sonrió- hago cualquier cosa, menos dormir.-

El canto del río fue alegre.

-Así es. Hay un maravilloso universo escondido dentro de cada persona. Y es por ello que ese deseo que tienes de construir nuevas fantasías, de crear a nuevos personajes, de viajar a lugares que nunca han sido descubiertos… todo esto forma parte de tu creatividad y trabaja desde más de un nivel. Si tienes un universo escondido dentro de ese pequeño cuerpo, ¿te imaginas de la cantidad de estrellas, planetas y seres que tienes dentro de ti? No hay límite alguno.-
-Eso suena bien. Me parece justo-
-Y lo es- respondió el río- La clave es la siguiente: disfruta al máximo lo que estés haciendo; experimenta todo el placer que puedas y genera una hermosa sensación de logro con cada pensamiento que tengas. Así te mantienes en sintonía con ese universo y grandes aventuras se irán presentando a través de tu vida, sea cuando duermes o estas despierto. La magia encontrara la manera de presentarse en tu vida. –

El pequeño rió divertido.

-Me parece que ahora formo parte de alguna fabula rara, como esas que me lee papá antes de ir a dormir-
La respuesta del rio fue sincera.
-Tal vez sea verdad.-

En ese momento se hizo presente un dulce silencio nocturno y después de algunos minutos, José dijo...
-Creo que es hora de marcharme. Pero es seguro que volveré. Aunque probablemente vaya a visitar una estrella mañana en la noche. Pero prometo que regresare cuando amanezca, a jugar como siempre lo hago a tu lado- José se levantó, preparándose para regresar a su cuarto.
-Nos veremos entonces. Tu hermana es muy gentil conmigo. Conversamos mientras esperamos a que la salves de los gnomos o de las tortugas. Te ama mucho y cuida de ti.-

Al escuchar estas palabras, el pequeño sonrió con dulzura.
El río habló de nuevo.
- Disfruta el juego y nunca olvides las palabras que has escuchado. Compártelas con las personas que amas y no olvides buscar en mis aguas una semilla muy especial. Hará crecer un árbol como los que ves aquí, llenos de color y de fruta dulce. Sera una fruta que ayudara a tu familia y que tendrá propiedades curativas. Hasta mañana, José. - el río se despidió amablemente.

Y José estaba en el aire de nuevo, disfrutando cada instante antes de caer lentamente en su cama y descansar.
Había sido una maravillosa aventura.

A la mañana siguiente, le contó la historia a su madre mientras le ayudaba a recoger las cosas del desayuno. Su madre le hablo dulcemente y alabó su gran imaginación. Su padre rió divertido ante la idea de arboles maravillosos y ríos parlantes, así que le sugirió que saliera a jugar donde siempre.

Fue mucho tiempo después, cuando José ya no se acordaba de la maravillosa semilla que debía buscar, que se zambulló a las aguas del rio a jugar un rato a los piratas, encontrando una pequeña gema color esmeralda que resplandecía bajo la luz del sol.
Alegre y emocionado, plantó la gema en algún rincón secreto, cuidando de ella y regándola con agua de rosas…

Pasaron muchos años.

José le narraría la historia a sus padres, a sus amigos, a sus hijos y a sus nietos... y todos pensarían que era bueno inventando historias, que la facilidad para inventar mundos paralelos la tenía desde pequeño y que no era más que un mito, un cuento de hadas como esos que los padres le cuentan a sus hijos antes de ir a dormir.

Sin embargo, cuando ya todos los adultos se habían alejado y José, quién había alcanzado fama por sus maravillosas aventuras y sus libros para niños, se quedaba solo con los más jóvenes, gentilmente les pedía que lo acompañaran a dar un paseo y los llevaba a un lugar secreto, donde se respiraba el polvo de las hadas y el aire olía a dulce.
En medio de un claro, un hermoso árbol de colores crecía.

Los pequeños se emocionaban y empezaban a gritar preguntas, ahora sí curiosos por la verdad.
Y José, el hombre que permaneció siendo un niño en corazón y alma, les sonreía y les decía con voz juguetona y alegre: “Lo mejor es que investiguen la verdad por ustedes mismo, aprovechando que viajan a diferentes lugares cada vez que van a dormir.”

FIN

Encontré este viejo cuento que escribí en una libreta morada que solía usar en el 2009. Transcribí palabra por palabra, riendo un poco en el proceso. En serio soy muy cursi a veces, pero es un cuento lindo. Hora de escribir más historias, pues.
Allá vamos.



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makeiri
26 años. Soñadora. Creativa. Parlanchina.
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