?

Log in

No account? Create an account

Previous Entry | Next Entry

NaNoWriMo - Day 14

14 de noviembre de 2014

Frío

No siento la punta de mis dedos.
Mi teclado está frío.
Google se ha acercado a acostarse a mi lado y estoy agradecida por su calor corporal, porque en definitiva mi abrigo y la colcha que tengo encima no son suficientes para mantenerme calientita. (hastra traigo puestos calcetines dobles pero los dedos de mis pies insisten en manterse fríos)

Tal vez sea porque estamos cerca de la montaña, tal vez sea porque nuestra casa (materiales, arquitectura und so) está hecha de tal manera que mantiene el frío con fácilidad. Y aunque agradezco  que mi casita se mantenga fresca durante el verano, en el invierno paso mucho frío. Es esa sensación incómoda de estarme congelando la que logra convencerme que es temporada de empezar a tejer bufandas y guantes nuevos.

El frío de mi casa me recuerda al frío que se sentía en los viejos castillos de Europa.
Sé que comparar mi casita a enormes castillos hechos de piedra suena un poco extraño... pero si cierro mis ojos y dejo mi imaginación volar un poco, podría estar en uno u otra y la sensación sería la misma.

Siempre he preferido el calor al frío.
Desde que tengo memoria he sido exageradamente friolenta.
Soy la clase de persona que siempre necesita llevar suéter al cine, especialmente si es verano. (Ponen el clima al máximo y me termino convirtiendo en paleta humana)

Si hace calor, puedo meterme a bañar con agua fría, tomar limonada con hielo o incluso ir a nadar para refrescarme.
Pero si hace frío, prefiero no moverme. Me quedo atorada en mi cama, hundida en sabanas que no logran mantenerme lo suficientemente calientita y preparando sopas de estrellitas que (aunque son deliciosas) se acaban demasiado rápido.

Lo que sí me gusta del frío es la excusa de usar suéteres de colores, tomar chocolate caliente y tejer bufandas para las personas que quiero.

Aunque trato de verle el lado positivo a este clima, me he estado sintiendo un poco triste el día de hoy.

Mi tristeza de hoy es sólo una sombra tenue comparada con de lo que estuve experimentando las últimas semanas.
No fue por acto de magia o simple alegría espontánea que mi corazón no se siente tan pesado como hace algunos días, though.

Hablé con quién más quería hablar mi corazón.
A pesar de que me puse un poco nerviosa en el momento, días después releería sus palabras, dejándome en un estado de tranquilidad y una pizca de alivio.

Pero este frío me pone melancolica. Pensativa.
Me pongo a reflexionar sobre cómo esta Navidad y fiestas de fin de año serán diferentes a todas las otras que he experimentado los últimos años. Pongo en duda sí debería actuar de tal o tal manera, dudando sobre actos que en teoría no deberían tener mayor relevancia.

Actos tan sencillos como dudar si sería correcto o no tejer una bufanda para esa persona, debatiendome si quizás antes de que acabe el año habré mandado las cartas que he escrito a lo largo del año...
Incluso hasta me he puesto a dudar si podré terminar NaNoWriMo, princplamente porque el frío me deja tan desmotivada y helada por dentro que no tengo inspiración para ponerme a escribir sobre cualquier cosa que pase por mi cabeza.

Pero aquí estoy, haciendo un esfuerzo para mover mis dedos helados y cumplir con la cuota de palabras que otros días he logrado alcanzar en tiempo récord pero que hoy no está fluyendo con tanta facilidad como me gustaría.

Acabo de recordar algo que hice una vez que tenía mucho frío y que terminó en una tragedia.
Me tomaré la libertad de narrar ese evento con todo el detalle que mi memoria pueda otorgar.

El día que me prendí fuego

En Chile, cuando era muy pequeñita, me ayudaban a vestirme todas las mañanas.
Creo que Anita era el nombre de la dulce mujer que con paciencia infinita llegaba a despertarme, darme algo de tomar (generalmente chocolate en polvo, frío o caliente dependiendo del clima de ese día) y vestirme.

Aún recuerdo perfectamente cómo me contaba cuentos mientras me vestía.
Casi siempre eran historias de un conejito que buscaba su zanahoria.
Para ayudar al conejito, yo tenía que ayudar con los botones y sostener la manga larga de mis blusas para que no se abultaran cuando me ponía el sueter encima.

Chile no era exageradamente helado durante el invierno, pero sí era necesario prender la calefacción y usar abrigos.
Cuando la temperatura empezaba a bajar no me gustaba empezar a sentir que mi nariz desaparecía o que mis manos se ponían tiesas... pero sí había algo que me gustaba mucho cuando bajaba la temperatura drásticamente:

Mi abrigo azul marino de Winnie Pooh.

(Random Fact: Mi primer peluche en la historia de peluches fue un Winnie the Pooh que era más grande que yo cuando nací. Mi padre jura que compró el peluche en SEARS, pero por alguna razón el nombre en su camisa esta escrito mal, así que a veces he dudado si se trata de un Winnie the Pooh original. Sea como sea, Pooh sigue conmigo. Vive felizmente arriba de mi librero junto con otros peluches de valor sentimental)

Mi abrigo era muy especial para mi porque era de Winnie Pooh.
Además, el gorrito tenía terciopelo  blanco y era muy suavecito y calientito.

Anita nos consentía mucho a mi hermana y a mi, así que cuando la temperatura bajaba mucho... antes de llegar a despertarnos, ponía nuestra ropa cerca de la calefacción (calefacción de gas, a la antigüita) para que al momento de tener que vestirnos la ropa estuviera cálida y cómoda.

Creo que esa se volvía mi parte favorita del invierno: Despertar para ponerme ropa calientita, suave y limpia.

Un día le pregunté cómo le hacía para celnar nuestra ropita y me explicó lo de la calefacción. Hice nota mental y me propuse intentarlo por mi cuenta la próxima vez que sintiera frío. (No una idea muy brillante que digamos. Lo sé. Pero era pequeña y no me gustaba el frío.)

Así que una mañana, cuando ibamos de salida para el colegio... vi el calentador prendido en la sala.
Yo ya estaba vestida, desayunada, con dientes limpios y todos mis libros y materiales en mi mochila.

Mi hermana, though, había decidido que ese día no quería ir al colegio.
Así que mientras mi madre y Anita unían fuerzas para levantarla de la cama y ponerse su ropa (que para ese entonces ya estaba más tibia que calientita) me acerqué al calentador. Lo vi detanidamente. Calenté mis manos.

Y decidí que esa fría mañana era la oportunidad perfecta para poner en práctica lo que había aprendido. Estaba decidida. Mientras mi hermana desayunaba.... iba a calentar mi abrigo de Winnie Pooh.

Pero hacía mucho frío, así que decidí calentar mi abirgo SIN QUITARMELO.
Porque claro que eso tiene sentido.

ANYWAY

Una de mis pelúculas favoritas de ese entonces era El Libro de la Selva.
Y me encantaba imitar a Baloo cuando cantaba sobre las necesidades básicas und so.
Hay videos caseros de chibi Monse apoyada contra un árbol, cantando con su vocecita de niña pequeña la canción de Baloo sin entender realmente sobre qué estaba cantando.

Decidí que quería calentar la parte de atrás de mi abrigo, así que...
me apoye contra el calentador e hice esto:

baloo

Al principio no sentí ninguna diferencia.

Unos 30 segundos después empece a sentir un poco más calientita de la espalda, así que me sentí satisfecha con el resultado de mi experimento.

Me asomé a nuestro cuarto para ver si Marina ya estaba lista para ir al colegio, pero aún estaban en proceso de convencerla que era un buen día para usar suéter, así que regresé a la sala y volví a apoyarme contra el calentador.

Estuve así el equivalente a 5 minutos.

Cuando mi mamá anunció que ya era hora de subirnos al vehículo para llegar al colegio a tiempo, me separé del calentador y caminé hacía la puerta principal de la casa.

Fue entonces que escuché el grito de Anita.

No puedo describir claramente la sensación de miedo e incertidumbre que me causó escuchar a Anita gritar. En mi joven vida, NUNCA la había escuchado elevar la voz.

"FUEGO! LA NIÑA ESTA EN FUEGO!"

Mi mamá salió corriendo del cuarto de mi hermana y vi como su cara expresaba TERROR puro.
Me sentí confundida por unas fracciones de segundo.

Fuego?

Y fue entonces que voltee y noté que mi abrigo estaba... uhm... literalmente en llamas.
Las llamas eran color naranjoso y pequeñas.

Y en ese momento, me asusté.

Empecé a llorar en el momento, apanicada.
Anita corrió hacía mi, gritando cosas que francamente no recuerdo pero que seguro eran instrucciones o gritos de ayuda.
Y fue justo en ese momento que mi brillante mentecita decidió hacer lo que uno NUNCA debe de hacer si de pura casualidad se encuentra rodeado de llamas.


....


....


Salí corriendo al patio, gritando con todas mis fuerzas.
(Se aceptan facepalms en este punto de la historia, craenme que no me ofendo)

Empecé a dar vueltas en círculos, dándole vueltas al carro.
Anita me perseguía, usando sus manos y golpeando mi espalda para intentar apagar el fuego.
En una de esas, me jaló con fuerza y me quitó el abrigo de encima.

Todo esto fue en cuestión de segundos.

Mi madre, aún con una cara de miedo que no le he visto poner de nuevo, salió corriendo y me abrazó.
Me empezó a revisar, preocupada de que me hubiera quemado.

Pero salí completamente ilesa de esa pequeña aventura.

Anita terminó de apagar el fuego pisoteando el abrigo. El olor a quemado me quemaba la nariz.
La pobre de Anita no pudo usar sus manos por una semana, estaba llena de ampollas por haber apagado el fuego de mi espalda a manotazos.

Realmente no tengo cómo agradecerle por lo que hizo. En el momento aún no comprendía la situación tan peligrosa que acaba de escapar.

Pero Anita, donde quiera que estés en este punto de tiempo y espacio, GRACIAS.

El abrigo se volvió una mezcla de cenizas y tela quemada. Quedó irreconocible, sólo pequeños fragmentos aún con un poco de color.
Lo único que se salvó fue el gorrito de terciopelo, que mi madre no me dejó conservar aunque se lo pedí varias veces. (Ese gorrito realmente era calientito.)

Mi padre me llevaría a comprar un nuevo abrigo poco tiempo después, pero nunca más volví a encontrar ese abrigo de Winnie Pooh.

Moraleja de este relato: Si vas a comprar un abrigo de Winnie Pooh, compra dos.
Y no te acerques demasiado a calefacciones de gas o al fuego en general, te puedes calentar más de lo que te gustaría.

Creo que sólo escribir sobre eso me ha calentado un poco.
Eso, o el calentador Google ha empezado a tener efecto. (La peludita ya se quedó dormida)

Iré a tomar un té calientito y después me pondré a jugar SIF JP porque hoy termina el evento de Eli.
Y quiero lograr quedar en los top 45000 para mi hermanita, así que es hora de unirme al Wonderful Rush.
Hasta mañana!

Word Count: 1869
Total Word Count: 26432

Tags:

Comments

Profile

makeiri
25 años. Soñadora. Creativa. Parlanchina.
Twitter

Latest Month

August 2017
S M T W T F S
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
Powered by LiveJournal.com
Designed by Tiffany Chow