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Día D

Meses de reflexión me han llevado a la misma respuesta de siempre: La práctica del perdón es crucial para poder sentir paz plena.

Sean cosas que aparentemente son pequeñas o grandes las que tengamos que perdonar, al final no hay evento que tenga un tamaño que haga diferencia cuando se trata de mantener tu paz.

Pueden ser cosas sencillas y tontas, como un comentario que te lastimó y que la otra persona dijo en sentido de broma o puede ser algo complicado y difícil, como la famosa traición o la sensación de que alguien te falló de manera extraordinaria.

Sea del tamaño que sea, igual pierdes tu paz. El resultado sigue siendo el mismo.

Otra cosa que he recordado es que sólo existen dos condiciones con las que se puede enfrentar cualquier evento:
O bien estás en una condición de amor o estas en una condición de ego.

Y el ego siempre esta a la defensiva, listo para el ataque, haciéndote creer que tienes suficientes y muy justificadas razones para ir por la vida ofendido o enojado con un evento, persona o situación.

Siendo una persona con ego bastante grande, comprendo esta linea de pensamiento.
Es fácil caer en el papel de la víctima, justificar tu rencor por las acciones de la otra persona o sentir lástima por ti, ya que "nunca nadie podrá comprender realmente por lo que has pasado".

Al final el perdón es lo único que nos libera definitivamente de un estado de sufrimiento.

Y lo llamo sufrimiento porque en el fondo nadie quiere odiar a nadie. Esa sensación de estarse quemando por dentro, ese vacío que ninguna distracción podrá realmente borrar con el paso del tiempo...  es tan doloroso odiar a alguien como ser odiado. Resulta ser doble sufrimiento cuando te encuentras en las dos situaciones al mismo tiempo.

El ego siempre nos quiere justificar que castiguemos al otro con nuestra indiferencia, nuestros actos hostiles, nuestro desprecio... en fin, millones maneras hay para demostrarle a alguien que no le hemos perdonado y que definitivamente no hay nada ni nadie en este mundo que nos haga cambiar de parecer, ya que dicha persona "merece ese trato".

Pero al final del día, eso no es elegir la paz.

Lo que uno ignora al momento de elegir mantener esos resentimientos dentro de sí, es que sigue viviendo en el pasado... ignorando las oportunidades que te quiere ofrecer la vida en el presente.

Una persona que no perdona se queda trabada en aquello que le lastimó y no se da la oportunidad de dejar de revivirlo una y otra y otra vez.

Y si sigues eligiendo el dolor y vivir ofendido, harás de eso tu escenario diario.
Pasarás día tras día desquitando tu enojo (lo hayas aceptado o no) con los demás sin que eso pueda cambiar lo que ya ocurrió.
Día tras día tendrás que convencerte que eres víctima del destino o de las personas que te fallaron.
A la larga, eso solo crea un circulo vicioso que hoy ya no quiero para mi.

No puedo cambiar lo que pasó ni puedo cambiar lo que otras personas pensarán de mi.

Pero lo que SI puedo cambiar es mi actitud y lo que elijo darme a partir de este momento.

Y hoy elijo la sanación que tanto necesitaba y había decido ignorar por harto tiempo.

La sanación es un proceso totalmente personal. Nadie puede sanar por ti.

El sufrimiento seguirá presente hasta que tu desees salir de esa condición de dolor.

Hoy tengo la opción de liberar ese resentimiento hacia esa persona que, queriendo o no, me afecto.
Hoy tengo la opción de liberar la culpa que sentía (ojo, tiempo pasado) hacia las personas que he afectado, queriendo o no.

Al final nadie quiere realmente lastimar a nadie.

Por mas que pueda estar segura que quiso afectarme esa persona, sus razones para estar a la defensiva o atacar no tienen en realidad NADA que ver conmigo. Todas provienen de su pasado.

Y el primer paso para realmente perdonar a alguien consiste en perdonarme primero a mi misma por haber traído esa experiencia a mi vida y que hoy no necesito mas.

Supongo que una parte de mi cree que al final siempre nos estamos perdonando a nosotros mismos en realidad.

Todos tenemos a alguien o algo a quien perdonar.

En mi caso, un sueño y una señal clara me han demostrado qué es lo que debo de trabajar.

Quiero dar el siguiente paso en mi crecimiento personal.

Y es por eso que elijo ya no albergar resentimientos.

Por eso dejaré el pasado donde pertenece.

Fue una herramienta hermosa de aprendizaje, pero ya no quiero seguir reviviendo el pasado para nublar mi presente.
Y lo digo de manera directa y concisa: Ya no vale ni mi tiempo ni mi energía.

Soy mucho más que el opinión de alguien dolido que se ofendió por situaciones que ni siquiera le involucraban.
La obsesión de alguien con mi persona no es mi carga ni mi responsabilidad.
El odio o desprecio de esta persona es sólo un reflejo de lo que siente por sí misma.
Merece compasión.
Porque esté consciente o no, elige el dolor y el enojo sobre su paz cada día.
Y ya me cansé de permitir que sus elecciones afecten las mías.

Es por eso que a partir de ayer, decidí que esta persona y situación habían muerto para mi.
Me quedo con lo bueno. Lo demás lo entrego a Dios.
Elijo quedar en paz con la situación.
Y aunque será una práctica diaria, me siento con la fuerza y la seguridad suficiente como para dar el siguiente paso.

La vida me ha dado el regalo de conocer o redescubrir amistades y personas que me han apoyado y escuchado durante estos meses de reflexión. Saber que me conocen entera y me apoyan de una u otra manera me da alegría.
Pero sé que esta tarea es sólo mía y ya es momento de que ponga manos a la obra.

El poder de la intención es infinito.
En este momento elijo regresar a mi verdadera esencia.
El ser de paz que yo ya soy.

M

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makeiri
26 años. Soñadora. Creativa. Parlanchina.
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